There’s no such thing.

Photo by Jens Lelie on Unsplash

Solía pensar que realmente existía una polaridad absoluta entre el espectro de lo correcto e incorrecto.

Sin embargo, con el tiempo me di cuenta que en realidad cualquier idea puede tener argumentos muy válidos para defenderse.

Esto quiere decir que en realidad las etiquetas de “correcto” e “incorrecto” únicamente son mentales. Y creo que etiquetamos a las personas, ideas, comportamientos y situaciones de manera dual y sencilla en correcto e incorrecto debido a que para nuestro cerebro es más sencillo hacerlo de esa manera. Así, vamos por la vida evaluando de manera sencilla y sin esfuerzo mental todo lo que vemos, leemos y escuchamos.

Pero, que ese sea nuestro estado natural no significa que no podamos adoptar uno mejor.

Dice Milan Kundera que no es posible saber si las decisiones que tomamos son las mejores en comparación con el resto de opciones debido a que la única posibilidad de saberlo sería viviendo y experimentando todas las posibles opciones bajo las mismas circunstancias. Y como la única manera de poder hacerlo es teniendo dos o más vidas, no es posible saber si algo es correcto o incorrecto.

Sin embargo, solemos pensar en términos de: “Debí haber hecho otra cosa” o “¿Por qué no actué diferente?”

Esto se debe a que no nos damos cuenta de que solemos actuar basados en la opinión de los demás más que en la nuestra.

Queremos quedar bien con los demás aunque eso represente actuar en contra de lo que creemos porque queremos hacer lo “correcto”. Pero sólo actuando basados en nuestras creencias y en nuestros deseos más profundos podemos estar seguros de que hacemos lo correcto.

Porque la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto no es real.

Es un invento de los humanos para dar estabilidad al mundo. Una creencia inventada con la finalidad de tener una excusa válida para rechazar todo aquello que consideramos diferente. Aquello que consideramos una amenaza.

Y no nos damos cuenta, pero hay muchas ideas que juzgamos y atacamos jurando que están mal y que sólo hacen daño a la sociedad sin en realidad analizarlas. Ideas que no soportamos por el hecho de ser diferentes a todo lo que nos han dicho nuestros papás, la sociedad y el gobierno que está bien y que debemos hacer.

No soportamos el saber que hay ideas opuestas a las nuestras y simplemente las rechazamos etiquetándolas de equivocadas. Ideas que, por locas que suenen, suelen ser reales e incluso mejores.

En serio, así de extremos y ridículos somos.

Hacemos y decimos todo lo que nos dicen que está bien en modo zombie. Nunca retamos ninguna de las cosas que nos dicen que debemos hacer.

Pero todas las grandes ideas parecen descabelladas y sin sentido en un principio.

La democracia. Los derechos humanos. La computadora. El internet.

Y luego de un tiempo, las aceptamos y nos burlamos de nosotros mismos por no darnos cuenta de que, después de todo, sí eran buenas ideas.

La diferencia entre catalogar algo como bueno o malo suele radicar en el enfoque con que percibimos las cosas. Así, hay personas para las que la legalización de las drogas es bueno y hay quienes lo consideran malo.

Todo es cuestión de perspectiva. Y si temas que en el pasado se consideraban prohibidos como los matrimonios entre personas del mismo sexo hoy son tan normales es porque no existe una división real entre lo correcto y lo incorrecto.

Por eso, cada vez que dudes de hacer algo porque todos a tu alrededor te dicen que es equivocado, date cuenta que en realidad es cuestión de la perspectiva con que lo veas.

Cada vez que pienses que algo es bueno y que por ende, todo lo que vaya en su contra debe estar equivocado, date cuenta que la diferencia está en tu mente y no en la cuestión en sí.

Nada es correcto o incorrecto. Sólo es. Nosotros lo colocamos en una u otra categoría de acuerdo a nuestros valores, prejuicios y experiencias. Lo catalogamos según nuestros intereses.

Y sólo tenemos que abrir nuestra mente y exponernos a más ideas para darnos cuenta de que casi todo aquello que solemos rechazar no está mal en realidad, sólo lo está en nuestra cabeza.

No hay correcto ni incorrecto.

No hay bueno ni malo.

Porque, en realidad, no existe tal cosa.

Piénsalo.

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