
La escuela no es algo nuevo. De hecho, es todo lo contrario. Dicen que los griegos ya tenían escuelas. Claro, no en el sentido en que hoy las conocemos. Pero como todo en la vida, la escuela sólo es un camino de muchos.
Sí, es uno de los caminos más recorridos por la mayoría de las personas.
Sí, es un camino socialmente aceptado, promovido y hasta aplaudido.
Sí, parece ser el único camino para convertirte en alguien que valga la pena en este experimento llamado vida.
Pero no es el único camino.
El alma o la razón de ser de la escuela durante la revolución industrial fue entrenar gente para realizar uno de miles de trabajos manuales y rutinarios que esperaban a los egresados en los cientos de fábricas.
Antes, ir a la escuela te brindaba la seguridad de tener un empleo seguro al egresar. Hoy, ir a la escuela no es sinónimo de nada.
Lo triste es que en pleno siglo XXI, en realidad parece que la escuela no ha cambiado mucho.
Sigue teniendo a personas sentadas sin hablar ni moverse, escuchando y “absorbiendo” la sabiduría de quien está al frente.
Y si te sientes cómodo en ese camino, adelante.
No estoy en contra de la escuela.
Lo que combato es la creencia de que la escuela es el mejor invento de la humanidad y por ende, el único modo de salir adelante en la vida.
Este escrito está pensado para estudiantes de preparatoria y universitarios que no van a la escuela para inspirarse y hacer del mundo un lugar mejor.
Este escrito va dirigido para aquellos estudiantes que no van a la escuela para aprender a ser mejores personas sino a prepararse para salir al mundo y ganar la mayor cantidad posible de dinero a la quincena.
Es para aquellos jóvenes que sienten que el aprendizaje no consiste en estar sentado durante seis horas tomando notas de lo que sea que la persona al frente esté hablando.
Es para aquellos que están seguros de que la escuela no es su camino pero que no la dejan porque tienen miedo de no ser alguien en la vida.
¿Neta? No chingues.
Si tienes métricas tan pobres para medir el éxito en tu vida es porque en realidad no tienes metas muy ambiciosas.
Te aseguro que hay cientos, sino es que miles de personas que tienen un título y que,
-O no desempeñan eso para lo que se “prepararon”.
-O que siguen sin saber qué hacer de su vida.
La escuela no tiene el poder de definir quiénes somos, cuánto valemos, qué hacemos o qué haremos en el futuro. El poder y la responsabilidad de definir nuestra vida es eso, NUESTRO. Pero preferimos evadir nuestra responsabilidad y confiar ciegamente en la escuela para resolver nuestros problemas.
Y es que terminar una carrera no es el pináculo ni la culminación de nada. Si sólo esperas salir de la universidad para no volver a escribir algo, ni volver a tocar un libro o volver a aprender algo, déjame informarte que has sido engañado mi querido saltamontes.
Estoy seguro de que uno de los hábitos de la gente exitosa consiste en siempre aprender cosas nuevas. Aprendizaje continúo. Y ese hábito lo puedes adquirir yendo a la escuela o no. Claro, si no vas necesitarás mayor disciplina para seguir estudiando y aprendiendo en lugar de ver Netflix y jugar videojuegos todo el día.
Pero todo requiere disciplina en cierto nivel. Todo.
Incluso ser flojo requiere la suficiente disciplina para no hacer nada cuando tu cuerpo te pide a gritos salir a jugar.
De hecho, ir a la escuela suele ser un camino mucho más sencillo de lo que parece.
¿Por qué?
Porque nadie te cuestiona ni te exige nada en realidad. Ser estudiante es la excusa socialmente aceptada para no trabajar, o hacer quehacer, o lo que sea que se les exija a aquellos que no van a la escuela. Porque cuando alguien cuestiona el por qué de lo anterior, suele recibir como respuesta alguno de los siguientes comentarios:
“No, es que él o ella está estudiando y/o haciendo tarea”.
“No, tú descansa mijito porque has estado estudiando muy duro”.
Y cosas en esa vena.
Tenemos el perdón social para no hacer nada por el hecho de ser estudiantes.
Estudiantes que cumplimos con lo mínimo para pasar nuestras materias.
Estudiantes que una vez terminado el horario de clases no volvemos a tomar un libro para aprender algo.
Estudiantes que creen que por estar inscritos en alguna institución de prestigio son superiores a los demás.
Estudiantes a los que les vale madres ser amables, empíricos y respetuosos, porque lo importante es aprobar todos los exámenes no estar pensando es ser buenas personas.
En la escuela te enseñan a ser mejor que tus compañeros para que una vez saliendo al mundo laboral puedas conseguir el empleo mejor pagado sin importar nada más.
Claro que hay excepciones. Pero lamentablemente suelen ser tan pocas que usarlas para defender la importancia de la escuela me parecería equivocado.
Así que si sientes que la escuela no es lo tuyo. Adelante.
Hay otros caminos.
Menos transitados. Menos aceptados.
Más extraordinarios. Más solitarios. Más demandantes.
Pero los hay.
Ir a la escuela sólo es una opción.
Tú sigue aprendiendo. Tú sigue creando.
Aporta belleza al mundo. Inspira. Comparte.
Y ve a la escuela. O no.