Sobre la originalidad.

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Existe un temor generalizado por compartir nuestras ideas y proyectos de manera pública. Dicho temor consiste en mantener todo lo que hacemos fuera del escrutinio público por miedo a que nos roben o copien nuestras ideas.

Y es una posibilidad al exponerse públicamente. Pero ese es sólo una manera de enfocar el asunto por el lado negativo.

Sin embargo, considero que hoy en día son muy pocas las ideas completamente originales.

La originalidad consiste en mezclar todas nuestras experiencias junto con todo aquello que leemos, vemos y escuchamos para producir algo de valor.

Muchas de las cosas a las que llamamos originales en realidad no son nuevas, simplemente tienen un enfoque distinto de algo que ya existe o es una mezcla con otros elementos.

Por eso, es infundado creer que lo que sea que pensamos o hacemos es nuevo y único en el mundo. Las ideas no tienen ese gran valor que solemos atribuirles. Lo importante, y por ende valioso, es la ejecución.

Va de nuevo,

LAS IDEAS NO TIENEN ESE GRAN VALOR QUE SOLEMOS ATRIBUIRLES.

LO IMPORTANTE,

Y POR ENDE VALIOSO,

ES LA EJECUCIÓN.

Las ideas son importantes, claro. Pero sólo son el primer paso para hacer algo valioso.

Puedes darle la misma idea a cientos de personas y te aseguro que todas la ejecutarán de manera distinta.

Por eso, no creas que tu idea es importante, única y que por eso debes guardarla en una caja fuerte debajo de una lámina de concreto porque “no te la vayan a robar”.

No mames.

Tú expón tus ideas sin miedo. Porque así como existe la posibilidad de que alguien te las robe, es igual de probable que te ayude a atraer fieles seguidores de tu trabajo.

Hoy en día, todos somos consumidores voraces. Nadie es virgen en ese aspecto. Todo el tiempo estamos consumiendo libros, series, memes, videos chistosos, noticias o lo que sea tu onda.

La mayoría de las ideas que producimos son una combinación de aquello que leímos con aquellos que vimos y escuchamos en algún momento. Pero preferimos creer que somos únicos y especiales a admitir que alguien más podría hacer lo que nosotros.

No ocultes tus ideas. Muéstralas públicamente.

Lo importante no es la idea. Es la ejecución.

Ahí es donde podemos mostrar nuestro verdadero valor. Casi nadie ejecuta. La mayoría prefiere quedarse enamorado de su idea pensando que es perfecta cuando en realidad lo importante es ejecutarla.

Sólo hay dos tipos de personas que pueden copiar tu idea: aquellas que no poseen las herramientas técnicas como para ejecutarla de manera exitosa, y aquellas que sí poseen la técnica suficiente para ejecutar tu idea de igual o mejor manera que tú.

Las primeras siempre tendrán carencias en su ejecución y las segundas son lo suficientemente capaces como para hacer algo magistral con o sin tus ideas.

Dejemos de promover una mentalidad tan pobre en la que veneramos la idea de que somos los únicos capaces de hacer algo valioso por lo cual debemos ocultar nuestras buenas ideas para evitar que nos las roben o copien.

Y si alguien te copia en tu ejecución, agradece que lo hagan. Esa es una prueba fehaciente de que ahí tienes algo de valor.

Y en lugar de estar maldiciendo a todo el mundo y pensando que todos son unos copiones, tú concéntrate en seguir creando cosas valiosas.

Porque si los demás realmente dependen de ti y de tus ideas para crecer, tú siempre irás un paso adelante. Aprovecha esa ventaja para destacar positivamente.

Exponer nuestras ideas de manera pública da miedo. Destacar asusta. Porque en ese momento te abres al escrutinio libre de todo el mundo. Te abres ante los elogios como a las críticas. Y sí prefieres no hacer ruido ni exponerte de forma abierta para no recibir críticas, nunca podrás crecer realmente.

Recibir críticas es el impuesto a pagar para ser reconocido y elogiado. No puedes crecer si no te expones al mundo. Sólo así puedes determinar tu verdadero valor.

Además, compartir tiene un efecto positivo más allá de lo que podemos ver. Metafísicamente, compartir desinteresadamente alinea ciertas fuerzas que nos permiten obtener mayor abundancia y hace que las personas que reciben aquello que compartimos lo valoren más.

Cuando somos una fuente de abundancia para los demás, el universo nos provee de los recursos suficientes para tener abundancia y así poder dar a los demás.

Porque copiar e inspirar son dos caras de las misma moneda. Todos hemos copiado en algún momento de nuestras vidas. Sin embargo, preferimos llamarlo inspiración para no sentirnos mal con nosotros mismos. Porque copiar está mal pero inspirarse no. Pero al final, lo único que cambia es la manera en que enfocamos el asunto.

Este no es un artículo completamente original.

De hecho, quizá sería más justo decir que es uno copiado en su mayoría.

Copiado de aquellos a los que agradezco profundamente el haber expuesto sus ideas y descubrimientos sin miedo ya que me permitieron inspirarme. Ahora, comparto mis ideas ante el mundo con la esperanza de inspirar a alguien que pueda crear algo de valor que ayude a los demás.

Por eso, querido lector, querida lectora, aquí están mis descubrimientos.

Cópialos. Inspírate.

Pero igual crea. Comparte desinteresadamente. Inspira.

Porque la originalidad no es como la pintan.

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