No more drama.

Photo by Gabriel Matula on Unsplash

No es ningún secreto que las telenovelas y el fútbol tiene un gran impacto en las personas y en la sociedad.

Pero no sólo en México.

También en países como Filipinas, Costa de Marfil y Rusia.

Sí, las telenovelas mexicanas también se ven allá. Somos grandes exportadores de una de las más altas expresiones del drama.

El problema es que no nos damos cuenta de que al sentarnos frente a la televisión por un par de horas a ver nuestra telenovela favorita en realidad nos estamos entrenando inconscientemente. Y es que nuestro cerebro tontín no percibe la diferencia entre ver algo y vivirlo.

Así, crecemos anhelando el regreso de nuestra ex pareja que nos dejó hace varios años con la esperanza de que note que somos su verdadero amor. Años que pudimos haber dedicado a hacer grandes cosas. Pero no. Nuestra mente se distraía con cada telenovela de amor y con cada película romántica pensando que ahora sí, de seguro estaba por darse cuenta de que no puede vivir sin nosotros. O peor aún, vivimos en relaciones en las que no podemos pasar tiempo sin ver a nuestra pareja porque seguramente “ya está con alguien más”.

Pero ese no es nuestro estado natural. Te lo juro.

Es puro entrenamiento. Y aunque duela admitirlo, es entrenamiento que nos vuelve expertos en el drama.

Lo peor es que hacemos drama con bastante regularidad y ni siquiera nos damos cuenta. Claro, no es drama con la misma intensidad que suele verse en las telenovelas. Pero al fin y al cabo es drama.

Nos tomamos todo personal. Creemos que porque alguien nos ve feo ya le caemos mal. Pensamos que quizá hicimos algo que le molestó.

¿Neta? No todo gira en torno a nosotros. Así que no hagamos grandes cosas y situaciones sin importancia.

Sin embargo, somos seres tan sensibles a los que no nos pueden decir nada porque nos lo tomamos personal y nos enojamos.

Pero Paco, es que tú no entiendes. Eso no es drama. Es enojo justificado.

Por supuesto que es drama. Si no te vas a acordar del asunto en tu lecho de muerte es porque en realidad el asunto carece de importancia real. Tú eres quien decide poner su atención en minucias irrelevantes. Tú eres quien piensa que todo gira en torno a ti y por eso cualquier gesto fuera de lugar representa una amenaza a tu estabilidad emocional. Pero no. Nadie está pensando en cómo lo va a tomar fulanito antes de hacer cualquier cosa.

Pero hay una solución. Bueno, no sólo una sino varias. Pero aquí voy a hablarte de una que me ha funcionado.

Lo opuesto al drama es el enfoque. Y el enfoque requiere una mentalidad firme. Una mentalidad que deje de lado la banalidad y en lugar de llenar nuestro espacio mental con tonterías intrascendentes se ponga a solucionar aquellas situaciones que nos pueden poner en una mejor posición social, económica, emocional o de cualquier índole.

¿Y cómo lograr algo así?

Generando opciones.

Casi nadie genera opciones.

Ante cualquier adversidad la mayoría se asusta y corre como gallina sin cabeza buscando quien les resuelva la vida. Piensan que porque no se pudo a la primera ya no se va a poder nunca. Y no. Siempre hay opciones. Si ante cualquier problema se te cierra el mundo y crees que no vas a poder salir de esa, tienes un largo camino por recorrer mi querido saltamontes.

Hay que dejar de lado esa mentalidad dramática a la que nos hemos acostumbrado al ver tantas novelas y fútbol. Porque no sólo son las telenovelas. También el fútbol tiene una gran carga de importancia artificial. Por eso lloramos amargamente cuando pierde nuestro equipo o cuando a México no le va bien en el mundial.

Pero nada de eso es importante.

En serio.

Nosotros somos quienes decidimos darle tanta importancia a algo tan insignificante como el fútbol. Y no te lo digo desde un púlpito de sabiduría y como aquel que odia el fútbol y las telenovelas. Sino como alguien que pasó varios años de su vida sentado frente al televisor desviviéndose por su equipo favorito.

Creía con todo mi ser que ver a mi equipo cada fin de semana era realmente importante para mi felicidad y estabilidad emocional. Que ver a mi equipo ganar era lo máximo y que, por ende, verlo perder era razón suficiente para sumirme en una profunda tristeza o enojarme.

Pero te aseguro que toda esa importancia es artificial.

La creamos al oír a nuestros tíos y papás hablar del último partido de fút y verlos emocionados con los jerseys bien puestos.

Sin embargo, nunca me sentí más en calma que cuando dejé de ver fútbol y pude poner toda mi atención a cosas más importantes y trascendentales.

Porque el fútbol y las telenovelas no tienen esa importancia que pintan en la televisión.

No va a pasar nada si no los ves. No te vas a perder de nada importante. Nadie se va a morir.

De hecho, es más probable que ocurra todo lo contrario y, que como yo, puedas tener una vida más tranquila y en la que puedas poner tu atención en las cosas importantes.

Hacer drama por todo no es normal.

No lo hagas.

No todo gira en torno a ti.

No eres el centro del universo.

Si alguien te ve feo, quizá sólo ha tenido un mal día. No es tu culpa. Porque así como no eres el responsable de toda la felicidad del mundo tampoco eres el responsable de todas las tragedias.

Todos los problemas tienen solución. TODOS.

No eres la primera ni la última persona a la que le sucede eso.

Sólo hay que dejar de hacer tanto drama y enfocarnos en buscar una solución.

Dejar de hacernos las víctimas y tomar la responsabilidad de nuestras vidas y lo que pasa en ellas.

Ya no veas fútbol. Ya no veas telenovelas.

Porque instalan una mentalidad equivocada en nuestros cerebros.

Una donde le damos demasiada importancia a cosas fuera de nuestro control.

Deja de darle tanta importancia artificial a cosas irrelevantes.

Suelta esa carga por querer ser el causante de todo.

Enfócate en lo que de verdad te hará crecer como persona.

Y deja de hacer tanto pinche drama.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.