
¿Recuerdas aquella etapa escolar en la que hacías lo que fuera por tener un buen promedio?
Incluso le dedicabas tiempo a esas materias que odiabas con tal de mantener tu promedio.
Tiempo que bien pudiste haber usado para meterte de lleno a esas que te encantaban para volverte un experto.
Desafortunadamente, tantos años de adiestramiento escolar nos hacen creer que la vida después de la escuela sigue la misma dinámica. Y no es así.
Ya no tienes porque dedicarle tanto tiempo a eso que no te gusta para mantener un promedio.
En el mundo real el objetivo no es lograr un buen promedio.
De hecho, en matemáticas a la zona promedio en donde ocurren la mayor parte de los sucesos se le conoce como zona mediocre. Mediocre proviene de medio. De no ser ni bueno ni malo en algo.
Y siendo honestos, la mayoría somos mediocres en la mayoría de las cosas.
Yo soy un cocinero mediocre. Un universitario mediocre. Un deportista mediocre. Y no está mal. Ese no es el problema. El problema es que gastamos gran parte de nuestra energía y de nuestro tiempo tratando de volvernos mediocres en aquello que somos malos en lugar de usar esos mismos recursos para volvernos excelentes en aquello en lo que ya somos buenos.
Creemos que es mejor ser mediocre en muchas cosas que ser excelentes en unas cuantas.
Preferimos mantener un buen promedio dedicando esfuerzos a tareas que nos resultan inútiles e intrascendentes.
Elegimos la mediocridad masiva sobre la excelencia selecta.
Sin embargo, en todos los aspectos de la vida hay dos maneras de catalogar la ejecución de las cosas: promedio o destacado. Y no sólo se destaca positivamente. También se destaca en el espectro negativo. Pero esta no es una invitación a destacar negativamente por el simple hecho de ir en contra de lo mediocre. A lo que te invito es a darte cuenta de que no está mal mantenernos en ese espectro en donde somos malos en algo si somos conscientes y ponderamos el seleccionar un par de áreas o actividades en las que somos buenos para explotarlas y alcanzar la excelencia.
Hay que explotar nuestro potencial.
Porque ser alguien promedio no es ningún orgullo. Al contrario, es una tristeza saber que hay quien no desarrolla sus habilidades con tal de mantener cierto confort.
Y es que para destacar positivamente en algo hay que meterse de lleno a ello. Pero por completo. No a medias ni de vez en cuando. Es tan solo lógico pensar que si nuestra atención es un cien por ciento, tratar de abarcar tantas cosas que ni nos interesan y en las que somos bastante malos, divide nuestra atención y disminuye la atención disponible que podemos brindar a cada actividad de manera considerable.
Por eso es normal que al crecer mucho en ciertas áreas descuidemos y nos retrasemos en otras. Yo soy bueno escribiendo y resumiendo información porque le he dedicado una buena cantidad de tiempo y atención a ello. Sin embargo, soy bastante malo dibujando y jugando ajedrez porque decidí no meterme a eso y olvidarlo por completo.
Hay que priorizar aquellas áreas en que sabemos nos van a ayudar a crecer y destacar sabiendo que dejaremos de lado otras.
Y es normal. Tal es el impuesto a pagar para volverse experto en unas cuantas áreas.
Destacar positivamente en algo requiere gran enfoque y determinación de nuestra parte. Porque sólo así podemos meternos de lleno en aquello en que somos buenos y que sabemos podemos alcanzar la excelencia.
Y es que nadie recuerda a los mediocres.
Nadie se inspira por alguien promedio.
Por eso, cuando hablamos de fútbol mencionamos a Messi o a Cristiano a pesar de que hay todo un mar de futbolistas. Admiramos e intentamos imitar sus hazañas porque sabemos que son los mejores en lo que hacen. Y así en todas las áreas. Sólo hablamos de los mejores. Nos inspiramos gracias a ellos.
Creer que ser promedio es lo mejor del mundo es como compararse. La mejor manera y más justa de hacerlo es hacia ambos extremos. Si te comparas con alguien mejor que tú en cierta área, lo justo es hacerlo también con alguien peor. Es un juego de suma cero. No sirve de nada. No ayuda a nadie. Es inútil. Es irrelevante.
Al final del día, sólo trascienden los mejores.
Aquellos que crecen tanto en un área que se vuelve casi imposible alcanzarlos.
Aquellos que se meten de lleno en algo y lo llevan a un nivel sublime.
Aquellos que rechazan ser promedios y trabajan para ser los mejores en algo.
Porque nunca hemos sido el promedio de nada.
Porque somos aquello en lo que destacamos positivamente.
No eres un promedio.
Ese no eres tú.
Siempre has sido, eres y serás aquello que tú quieras ser.