Sólo tienes que atreverte.

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Todas nuestras acciones tienen impacto en dos ámbitos: el funcional y el simbólico.

El primero comprende la importancia que tiene cierta acción para el buen desarrollo de las cosas.

El segundo se refiere a cómo es captada por los demás y el valor que estos perciben de ella.

Hay acciones que tienen un alto impacto en lo simbólico pero aportan poco en cuanto a lo funcional y viceversa, acciones que son sumamente funcionales pero que no son aceptadas de la mejor manera y por lo tanto no proyectan la mejor imagen de nosotros hacia el exterior.

Como cuando le hablas fuerte a tus hijos sabiendo que en el momento dirán que eres un mal padre o que no te quieren pero que sabes es necesario para transmitir ciertas lecciones importantes.

O como aquel maestro que exige más a sus alumnos porque conoce su potencial a pesar de saber que no será el más popular ni el más querido.

O al menos no en el corto plazo.

Porque actuar de manera funcional independientemente de lo simbólico que resulte cierta acción siempre dará una buena imagen de nosotros en el largo plazo.

Por el contrario, ponderar lo simbólico y siempre querer quedar bien a pesar de lo funcional de ciertas acciones nos da satisfacción externa en el corto plazo pero no es sostenible. No le haces ningún bien a nadie. Sólo estás engañándote y engañando a los demás.

Puede que ciertos actos no resulten tan populares entre tus hijos, tu familia o tus amigos, pero si actúas pensando en un bien superior, puedes estar seguro de que haces lo correcto.

Te aseguro que el mundo te lo agradecerá en su momento. Lo funcional siempre es recompensado en el largo plazo.

Las personas no siempre sabemos lo que queremos y mucho menos sabemos lo que tendrá mayor impacto positivo en nuestras vidas. Usualmente, ese impacto positivo se logra a través de cambios que solemos rechazar en un principio por miedo a lo desconocido. Por eso, cuando alguien promueve un cambio siempre hay resistencia a pesar de hacerlo para mejorar.

Nadie dijo que cambiar el mundo sería sencillo.

Pero hay que actuar a pesar de ello.

Los grandes hombres que cambiaron el rumbo de la historia actuaron a pesar de emprender acciones que en su momento resultaron impopulares.

Henry Ford inventó el automóvil a pesar de que las personas sólo querían caballos más rápidos.

Claro que esto no quiere decir que no existan acciones en las que podamos lograr un impacto positivo tanto en lo funcional como en lo simbólico.

Pero no son la norma.

Solemos recibir rechazo y resistencia al intentar hacer un cambio a pesar de hacerlo con las mejores intenciones. Y es normal.

Lo que no es normal es dejar de actuar por temor a perder cierta “popularidad” o por mantener cierta “imagen”.

Desconozco la fórmula del éxito pero estoy seguro de que un camino seguro para el fracaso es querer quedar bien con todos todo el tiempo.

No puedes ni debes querer tener contentos a todos siempre. Es una visión muy limitada.

Porque algo así significa que no estás intentando nada nuevo y que prefieres dejar todo tal y como esta para no ser un “revoltoso”.

Ser impopular y estar incómodo son los impuestos a pagar para lograr grandes cambios.

No te conformes con el estado de las cosas.

Si algo no te gusta, no te quejes. Intenta cambiarlo con acciones.

Si sabes que algo puede mejorarse, igual.

Todos los aspectos de la vida como hoy la conocemos fueron creados por personas que no son más inteligentes que nosotros, como decía Steve Jobs.

Sin embargo, lo único que hacemos es quejarnos de todo.

Quejarse es la manera más fácil de no hacer nada por mejorar las cosas.

Pero no sólo nos quejamos. También nos conformamos.

El conformismo es un problema bastante común hoy en día. Pero es uno de esos problemas que preferimos ignorar a afrontarlo con decisión.

Por eso, muchas personas siguen en sus trabajos que ni les gustan tanto pero que les brindan estabilidad.

Por eso, tantos jóvenes siguen en esa carrera que no los inspira a crear ni a aportar belleza al mundo pero que tampoco les exige tanto.

Nos conformamos con lo que nos da la vida sin darnos cuenta de que podemos obtener todo eso que soñamos si tan sólo nos dedicamos y vamos con decisión tras ello.

Al principio habrá resistencia y probablemente muchas de nuestras acciones resulten impopulares para nuestro círculo cercano, pero tal es el impuesto a pagar para lograr cosas. Grandes cosas.

Sé impopular en lo que sabes que te llevará a otro nivel.

Sé funcional y haz lo que sabes que tienes que hacer.

Sólo tienes que atreverte.

Dedicado para el gran Ricardo Perret, porque con sus palabras inspiro este artículo.

Gracias por predicar con el ejemplo.

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