
Él era un chico bastante ordinario. No tenía nada especial. No era particularmente guapo, fuerte o inteligente. Mas bien se perdía en el mar de gente normal y promedio. Y siendo honestos, tampoco tenía una gran vida. Al igual que él, su vida también era bastante ordinaria. Trabajaba de nueve a cuatro en una oficina, vivía en un departamento ubicado en uno de esos barrios donde nunca pasa nada rodeado de vecinos que nunca están y tenía uno de esos autos que se pierden en el tráfico de la ciudad en la que vivía. A decir verdad, era una persona de la que cualquier “buen” escritor nunca hablaría.
Y a pesar de todo, era feliz. No como en esas películas donde el protagonista experimente una felicidad nivel éxtasis pero lo suficiente como para no dejar de intentarlo una vez más. Se sentía dichoso. Y valoraba en demasía las pequeñas cosas de la vida. Más de lo que cualquier mortal creería. Que si el amanecer. Que si una buena canción en la radio. Que si una risa inesperada. Que si esto. que si aquello. Sentía que a pesar de no tener nada extraordinario, lo tenía todo. Y digo, cuando uno tiene 25 años cree que entiende todo lo que hay que saber de la vida. Y quizá sí. Pero este no era el caso.
Él no lo sabía pero su vida estaba a punto de experimentar un giro de 180 grados. Un buen día, y de repente, conoció a la chica que vivía en el departamento de abajo. Digo, la conocía pero en realidad no. Todos los días la saludaba como parte de una rutina que cumplía a cabalidad casi de manera religiosa. Pero hasta ese día no conocía ni su nombre, o su edad, o su signo zodiacal. Y no es que eso sea importante pero cuando sientes que es la indicada buscas señales hasta en el pan tostado.
Sólo habían pasado un par de horas desde la primera vez que hablaron y él ya sentía que la conocía de toda la vida. Le encantaban sus ojos, su sonrisa, su perfume, y hasta su pijama. Y entonces comenzó a pensar que quería casarse con ella -o no-. Y vivir juntos -o no-. Porque cuando la vida te da un giro así, te das cuenta de que aún hay muchas cosas por vivir. Y si esperas que te diga que se casaron y vivieron felices por siempre, te diré que probablemente sí. Pero esas son cosas que no se pueden relatar.
Sólo se viven. Como todo. Como siempre.